When was Blue: Dolldum
Aroma a porcelana
El dulce aroma de su perfume aun habitaba su cuerpo, era como humo ardiendo en mis pulmones y ambientando el cuarto en el que nos encontrábamos. Mis ojos no perecían ante las imágenes, observaban cada detalle de su cuerpo, recordando sus movimientos y sus gestos.
Una pequeña muñeca era nuestro testigo, sus ojos perlados y profundamente negros, demostraban como estos actos no solo a mi pertenecían. Su oscuridad podía ver en el fondo mismo de nuestras almas.
Todo había sido meticulosamente preparado para esa noche, pero el fervor de las emociones había destruido la simetría del lugar. Los libros y escritos decoraban el suelo y los muebles; ya que en mi deseo leí cada uno de ellos con fría violencia.
En cierto momento crucé miradas con mi pequeña observadora, esa figura de porcelana de piel perfecta que no tocaba el tiempo. Al ver sus ojos palabras que no debían ser pronunciadas brotaban de mi lengua y se enredaban a las paredes que sostenían dichos actos.
Quise tocar su tez antes de que todo comenzara, pero mis dedos ya estaban curtidos de las páginas pasadas y los rostros tallados, ya ellos no sentían el palpitar de la vida. Un ser cínico me había vuelto, ya mis manos hechas para crear no sentían dicha en sus toques. Eso arruinaba la compostura de mi mente.
Entonces fue cuando los brotes que se extendían de mi garganta, florecieron. Ella respondió finalmente a mis herejías. Como las alas de un negro cuervo, la penumbra de su voz se extendió por mi santuario. Por fin contemple la vida que se había engendrado en mi obra.
Logre al fin ser un titiritero con la mismísima vida. Lo perdido había sido encontrado y su rostro me contemplaba con curiosidad. En la agonía de haber encontrado la muerte ante mi rostro, fui dador vida a un ser que Dios no era capaz de concebir, algo nacido de las manos del hombre. Mi propia muñeca de porcelana.
 Fragmento de “When was Blue”
 C.V. Hartkopf

When was Blue: Dolldum

Aroma a porcelana

El dulce aroma de su perfume aun habitaba su cuerpo, era como humo ardiendo en mis pulmones y ambientando el cuarto en el que nos encontrábamos. Mis ojos no perecían ante las imágenes, observaban cada detalle de su cuerpo, recordando sus movimientos y sus gestos.

Una pequeña muñeca era nuestro testigo, sus ojos perlados y profundamente negros, demostraban como estos actos no solo a mi pertenecían. Su oscuridad podía ver en el fondo mismo de nuestras almas.

Todo había sido meticulosamente preparado para esa noche, pero el fervor de las emociones había destruido la simetría del lugar. Los libros y escritos decoraban el suelo y los muebles; ya que en mi deseo leí cada uno de ellos con fría violencia.

En cierto momento crucé miradas con mi pequeña observadora, esa figura de porcelana de piel perfecta que no tocaba el tiempo. Al ver sus ojos palabras que no debían ser pronunciadas brotaban de mi lengua y se enredaban a las paredes que sostenían dichos actos.

Quise tocar su tez antes de que todo comenzara, pero mis dedos ya estaban curtidos de las páginas pasadas y los rostros tallados, ya ellos no sentían el palpitar de la vida. Un ser cínico me había vuelto, ya mis manos hechas para crear no sentían dicha en sus toques. Eso arruinaba la compostura de mi mente.

Entonces fue cuando los brotes que se extendían de mi garganta, florecieron. Ella respondió finalmente a mis herejías. Como las alas de un negro cuervo, la penumbra de su voz se extendió por mi santuario. Por fin contemple la vida que se había engendrado en mi obra.

Logre al fin ser un titiritero con la mismísima vida. Lo perdido había sido encontrado y su rostro me contemplaba con curiosidad. En la agonía de haber encontrado la muerte ante mi rostro, fui dador vida a un ser que Dios no era capaz de concebir, algo nacido de las manos del hombre. Mi propia muñeca de porcelana.

Fragmento de “When was Blue”

C.V. Hartkopf

Deep Puppet Eyes

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Carlos Hartkopf ®